jueves, 16 de junio de 2016

El cine en el aula

Los que  amamos  el cine  querríamos  que  los alumnos  y  alumnas  llegasen  al convencimiento de  que  pasarlo bien  con una  película  no  está en  absoluto  reñido  con el  análisis  y  la  reflexión.  Pocos  soportes  unen tanto placer  y  aprendizaje como  el cine  o  la literatura. 
Nosotros  creemos  que  se  disfruta mucho más  una película cuanto más aprendemos de ella, cuando nos descubre  realidades  lejanas  que  no conocíamos  o cuando  nos  da  nuevas  perspectivas sobre  temas  más cercanos  que creíamos conocer.  Como  dijo el  realizador  americano  James  Brooks  "el  público busca en  el  cine  una  experiencia, las  teorías  vienen  después".
El  gran maestro Sergei Eisenstein  había  señalado el camino completo  cuando  escribió  que  "el cine opera de  la  imagen  a  la emoción y de  la emoción a la  idea". La  televisión  y  el vídeo han cambiado la  predisposición  del  espectador. Cuando vamos  al  cine  pagando una  entrada elegimos  (a veces)  qué queremos  ver, mientras que  ante  la  tele  esperamos  "a  ver que  ponen" (hoy este  hábito puede  estar transformándose en  más  activo  con las  plataformas digitales y canales de  pago)Los que  amamos  el cine  querríamos  que  los alumnos  y  alumnas  llegasen  al convencimiento de  que  pasarlo bien  con una  película  no  está en  absoluto  reñido  con el  análisis  y  la  reflexión.  Pocos  soportes  unen tanto placer  y  aprendizaje como  el cine  o  la literatura.  Nosotros  creemos  que  se  disfruta mucho más  una película cuanto más aprendemos de ella, cuando nos descubre  realidades  lejanas  que  no conocíamos  o cuando  nos  da  nuevas  perspectivas sobre  temas  más cercanos  que creíamos conocer.  Como  dijo el  realizador  americano  James  Brooks  "el  público busca en  el  cine  una  experiencia, las  teorías  vienen  después". El  gran maestro Sergei Eisenstein  había  señalado el camino completo  cuando  escribió  que  "el cine opera de  la  imagen  a  la emoción y de  la emoción a la  idea". La  televisión  y  el vídeo han cambiado la  predisposición  del  espectador. Cuando vamos  al  cine  pagando una  entrada elegimos  (a veces)  qué queremos  ver, mientras que  ante  la  tele  esperamos  "a  ver que  ponen" (hoy este  hábito puede  estar transformándose en  más  activo  con las  plataformas digitales y canales de  pago). La  experiencia  fílmica  no  es  transferible.  Hay  películas  que  provocan  emociones generalizadas  pero  nunca  atrapan  a todos.  Una  de  las cosas  que  debemos evitar es intentar  que  nuestra vivencia  personal  ante  un  film  sea  revivida  por nuestros alumnos. Nos ahorraremos decepciones si  no tratamos de que aquella  película que tanto nos  gusta  o que  tanto nos  impresionó  a  su  edad  provoque  el  mismo  efecto en ellos.  La  deliciosa película  de  Giuseppe Tornatore  Cinema Paradiso  (1988) provoca  en  los que  hemos  vivido  la  experiencia  del cine  en  el ámbito  rural y  en  la época pre-televisiva unos  sentimientos que nunca pueden  ser  revividos  por adolescentes actuales. El contexto  (época,  ambiente  social, censura) es  distinto  si se ha vivido o no  (aunque  pueda ser  investigado, no  provocará  la  misma experiencia). Los  alumnos, por supuesto, pueden  llegar  a disfrutar  la película pero precisarán de una  carga de  información suplementaria  muy superior  a la  de cualquier persona  de  más edad. Y  es  que,  el  proceso  de  comunicación sólo  acaba cuando cada  uno de nosotros  sumamos nuestra  visión personal del  mundo reconstruyendo  a  nuestro modo  el  puzzle que nos  ofrece  el  director. Sin  reflexión se pierde  el placer  del cine.  Cuando  criticamos (o ignoramos)  las películas  que  ven nuestros  alumnos no siempre consideramos que, en  esa escuela paralela  que  es  el cine, todos buscamos  cosas distintas. Ellos  buscan una  educación sentimental,  unas  aventuras  y  una acción  que  no les  da  el  entorno. Desean,  como los adultos, evasión y  placer,  pero  su idea  de  placer  y  evasión  es  distinta de  la nuestra, y  si  lo  que  les mostramos como  norma está alejado  de  sus intereses cotidianos difícilmente  funcionará bien.  Si  queremos usar  el  cine  como  arma didáctica no  debemos perder  de  vista esa  diferencia  de  sensibilidad  entre  ellos  y nosotros. Por último, aunque es  evidente que  sin aparatos  de  vídeo,  DVD,...  no  podríamos  ver películas en  el  aula,  debemos  seguir  sosteniendo que  esto  no  es ver cine.  Nos permite  cosas que  el cine  en sala  no  puede darnos, como elegir  la  película  que queremos ver  o la  posibilidad de  recuperar películas antiguas  pero el  fin  último  de  la educación  fílmica debe ser la misma que la de  la  literaria.  Cómo  el  profesor  de Literatura  desea  impulsar  a sus alumnos hacia el  hábito  de  la  lectura,  nuestro anhelo  debe  ser  que  cada vez más  jóvenes recuperen  el  hábito de  ir  a la Sala  de Cine, pero  buscando obras  que  sirvan  a  su  formación y  a  su  participación, y no  sólo consumir  ilusiones.. La  experiencia  fílmica  no  es  transferible.

Hay  películas  que  provocan  emociones generalizadas  pero  nunca  atrapan  a todos.  Una  de  las cosas  que  debemos evitar es intentar  que  nuestra vivencia  personal  ante  un  film  sea  revivida  por nuestros alumnos. Nos ahorraremos decepciones si  no tratamos de que aquella  película que tanto nos  gusta  o que  tanto nos  impresionó  a  su  edad  provoque  el  mismo  efecto en ellos.  La  deliciosa película  de  Giuseppe Tornatore  Cinema Paradiso  (1988) provoca  en  los que  hemos  vivido  la  experiencia  del cine  en  el ámbito  rural y  en  la época pre-televisiva unos  sentimientos que nunca pueden  ser  revividos  por adolescentes actuales. El contexto  (época,  ambiente  social, censura) es  distinto  si se ha vivido o no  (aunque  pueda ser  investigado, no  provocará  la  misma experiencia). Los  alumnos, por supuesto, pueden  llegar  a disfrutar  la película pero precisarán de una  carga de  información suplementaria  muy superior  a la  de cualquier persona  de  más edad. Y  es  que,  el  proceso  de  comunicación sólo  acaba cuando cada  uno de nosotros  sumamos nuestra  visión personal del  mundo reconstruyendo  a  nuestro modo  el  puzzle que nos  ofrece  el  director. Sin  reflexión se pierde  el placer  del cine. 


Cuando  criticamos (o ignoramos)  las películas  que  ven nuestros  alumnos no siempre consideramos que, en  esa escuela paralela  que  es  el cine, todos buscamos  cosas distintas. Ellos  buscan una  educación sentimental,  unas  aventuras  y  una acción  que  no les  da  el  entorno. Desean,  como los adultos, evasión y  placer,  pero  su idea  de  placer  y  evasión  es  distinta de  la nuestra, y  si  lo  que  les mostramos como  norma está alejado  de  sus intereses cotidianos difícilmente  funcionará bien.  Si  queremos usar  el  cine  como  arma didáctica no  debemos perder  de  vista esa  diferencia  de  sensibilidad  entre  ellos  y nosotros. Por último, aunque es  evidente que  sin aparatos  de  vídeo,  DVD,...  no  podríamos  ver películas en  el  aula,  debemos  seguir  sosteniendo que  esto  no  es ver cine.  Nos permite  cosas que  el cine  en sala  no  puede darnos, como elegir  la  película  que queremos ver  o la  posibilidad de  recuperar películas antiguas  pero el  fin  último  de  la educación  fílmica debe ser la misma que la de  la  literaria.  Cómo  el  profesor  de Literatura  desea  impulsar  a sus alumnos hacia el  hábito  de  la  lectura,  nuestro anhelo  debe  ser  que  cada vez más  jóvenes recuperen  el  hábito de  ir  a la Sala  de Cine, pero  buscando obras  que  sirvan  a  su  formación y  a  su  participación, y no  sólo consumir  ilusiones.

Extraído de: El cine, un recurso didáctico. Módulo 1, el cine en el aula.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo en que el cine utilizado en el aula tiene que estar siempre encaminado a un enfoque educativo, ya que de otra manera sería una perdida de tiempo que podría haberse aprovecha como un enriquecimiento del tema.

    ResponderEliminar