jueves, 16 de junio de 2016

La publicidad en el aula.

Publicidad  es  toda  forma  de  comunicación  realizada  por  una  persona  física  o jurídica,  pública  o  privada,  en  el  ejercicio  de  una  actividad  comercial,  industrial, artesanal  o  profesional,  con  el  fin  de  promover  de  forma  directa  o  indirecta  la contratación  de  bienes  muebles  o  inmuebles,  servicios,  derechos  y  obligaciones.

Partiendo  de  esta  definición,  entendemos  que  la  publicidad  tiene  una  finalidad predominantemente  comercial,  es  decir,  intenta  convencer  a  un  cliente  potencial  de la  necesidad  de  hacerse  con  un  determinado  bien  de  consumo.  Según  M.  Genís (2007),  la  publicidad  efectiva  es  aquella  que  tiene  en  cuenta  las  características, necesidades,  valores  y  creencias  del  grupo  destinatario  y  las  incorpora  al  contenido del  mensaje.  Esto  es,  imagen,  texto  y  diseño  unen  sus  fuerzas  para  dotar  de  pleno significado  al  mensaje  publicitario  y  para  cumplir  con  la  finalidad  comercial  que mencionábamos.


La  publicidad  audiovisual  nos  ofrece  una  forma  amena  de  consolidar determinados  aspectos  léxicos,  gramaticales,  etc.  de  nuestra  lengua.  Las  unidades léxicas  y  las  estructuras  gramaticales  que  aparezcan  en  los  anuncios  que  utilicemos pueden  marcar  producciones  posteriores  de  nuestros  estudiantes.  A  través  de  la publicidad, que  funcionaría  como  un  estímulo motivador  excepcional, les  estaríamos ofreciendo  un  acceso  a  las  mencionadas  unidades  y  estructuras  que  facilitaría  su posterior retención.
La  publicidad  puede  servirnos  para  presentar  hábitos,  formas  de  vida  y determinados  comportamientos.  Un  anuncio  que  dure  tan  sólo  unos  segundos  puede convertirse  en  la  excusa  perfecta  para  originar  debate  en  el  aula  o  simplemente  para introducir determinados contenidos culturales.

Nuestros  alumnos  están  acostumbrados  a  asimilar  información  a  través  de  las imágenes.  Por  lo  tanto,  con  el  anuncio  audiovisual,  les  estaremos  ofreciendo    un soporte que les es muy familiar.

Extraído de: LA  PUBLICIDAD  EN  EL  AULA  DE  E/LE: CREACIÓN DE TAREAS A PARTIR DE ANUNCIOS
 FRANCISCO  JAVIER  LÓPEZ  TAPIA  Y  ARÓN SIMÓN MARCOS

El cine en el aula

Los que  amamos  el cine  querríamos  que  los alumnos  y  alumnas  llegasen  al convencimiento de  que  pasarlo bien  con una  película  no  está en  absoluto  reñido  con el  análisis  y  la  reflexión.  Pocos  soportes  unen tanto placer  y  aprendizaje como  el cine  o  la literatura. 
Nosotros  creemos  que  se  disfruta mucho más  una película cuanto más aprendemos de ella, cuando nos descubre  realidades  lejanas  que  no conocíamos  o cuando  nos  da  nuevas  perspectivas sobre  temas  más cercanos  que creíamos conocer.  Como  dijo el  realizador  americano  James  Brooks  "el  público busca en  el  cine  una  experiencia, las  teorías  vienen  después".
El  gran maestro Sergei Eisenstein  había  señalado el camino completo  cuando  escribió  que  "el cine opera de  la  imagen  a  la emoción y de  la emoción a la  idea". La  televisión  y  el vídeo han cambiado la  predisposición  del  espectador. Cuando vamos  al  cine  pagando una  entrada elegimos  (a veces)  qué queremos  ver, mientras que  ante  la  tele  esperamos  "a  ver que  ponen" (hoy este  hábito puede  estar transformándose en  más  activo  con las  plataformas digitales y canales de  pago)Los que  amamos  el cine  querríamos  que  los alumnos  y  alumnas  llegasen  al convencimiento de  que  pasarlo bien  con una  película  no  está en  absoluto  reñido  con el  análisis  y  la  reflexión.  Pocos  soportes  unen tanto placer  y  aprendizaje como  el cine  o  la literatura.  Nosotros  creemos  que  se  disfruta mucho más  una película cuanto más aprendemos de ella, cuando nos descubre  realidades  lejanas  que  no conocíamos  o cuando  nos  da  nuevas  perspectivas sobre  temas  más cercanos  que creíamos conocer.  Como  dijo el  realizador  americano  James  Brooks  "el  público busca en  el  cine  una  experiencia, las  teorías  vienen  después". El  gran maestro Sergei Eisenstein  había  señalado el camino completo  cuando  escribió  que  "el cine opera de  la  imagen  a  la emoción y de  la emoción a la  idea". La  televisión  y  el vídeo han cambiado la  predisposición  del  espectador. Cuando vamos  al  cine  pagando una  entrada elegimos  (a veces)  qué queremos  ver, mientras que  ante  la  tele  esperamos  "a  ver que  ponen" (hoy este  hábito puede  estar transformándose en  más  activo  con las  plataformas digitales y canales de  pago). La  experiencia  fílmica  no  es  transferible.  Hay  películas  que  provocan  emociones generalizadas  pero  nunca  atrapan  a todos.  Una  de  las cosas  que  debemos evitar es intentar  que  nuestra vivencia  personal  ante  un  film  sea  revivida  por nuestros alumnos. Nos ahorraremos decepciones si  no tratamos de que aquella  película que tanto nos  gusta  o que  tanto nos  impresionó  a  su  edad  provoque  el  mismo  efecto en ellos.  La  deliciosa película  de  Giuseppe Tornatore  Cinema Paradiso  (1988) provoca  en  los que  hemos  vivido  la  experiencia  del cine  en  el ámbito  rural y  en  la época pre-televisiva unos  sentimientos que nunca pueden  ser  revividos  por adolescentes actuales. El contexto  (época,  ambiente  social, censura) es  distinto  si se ha vivido o no  (aunque  pueda ser  investigado, no  provocará  la  misma experiencia). Los  alumnos, por supuesto, pueden  llegar  a disfrutar  la película pero precisarán de una  carga de  información suplementaria  muy superior  a la  de cualquier persona  de  más edad. Y  es  que,  el  proceso  de  comunicación sólo  acaba cuando cada  uno de nosotros  sumamos nuestra  visión personal del  mundo reconstruyendo  a  nuestro modo  el  puzzle que nos  ofrece  el  director. Sin  reflexión se pierde  el placer  del cine.  Cuando  criticamos (o ignoramos)  las películas  que  ven nuestros  alumnos no siempre consideramos que, en  esa escuela paralela  que  es  el cine, todos buscamos  cosas distintas. Ellos  buscan una  educación sentimental,  unas  aventuras  y  una acción  que  no les  da  el  entorno. Desean,  como los adultos, evasión y  placer,  pero  su idea  de  placer  y  evasión  es  distinta de  la nuestra, y  si  lo  que  les mostramos como  norma está alejado  de  sus intereses cotidianos difícilmente  funcionará bien.  Si  queremos usar  el  cine  como  arma didáctica no  debemos perder  de  vista esa  diferencia  de  sensibilidad  entre  ellos  y nosotros. Por último, aunque es  evidente que  sin aparatos  de  vídeo,  DVD,...  no  podríamos  ver películas en  el  aula,  debemos  seguir  sosteniendo que  esto  no  es ver cine.  Nos permite  cosas que  el cine  en sala  no  puede darnos, como elegir  la  película  que queremos ver  o la  posibilidad de  recuperar películas antiguas  pero el  fin  último  de  la educación  fílmica debe ser la misma que la de  la  literaria.  Cómo  el  profesor  de Literatura  desea  impulsar  a sus alumnos hacia el  hábito  de  la  lectura,  nuestro anhelo  debe  ser  que  cada vez más  jóvenes recuperen  el  hábito de  ir  a la Sala  de Cine, pero  buscando obras  que  sirvan  a  su  formación y  a  su  participación, y no  sólo consumir  ilusiones.. La  experiencia  fílmica  no  es  transferible.

Hay  películas  que  provocan  emociones generalizadas  pero  nunca  atrapan  a todos.  Una  de  las cosas  que  debemos evitar es intentar  que  nuestra vivencia  personal  ante  un  film  sea  revivida  por nuestros alumnos. Nos ahorraremos decepciones si  no tratamos de que aquella  película que tanto nos  gusta  o que  tanto nos  impresionó  a  su  edad  provoque  el  mismo  efecto en ellos.  La  deliciosa película  de  Giuseppe Tornatore  Cinema Paradiso  (1988) provoca  en  los que  hemos  vivido  la  experiencia  del cine  en  el ámbito  rural y  en  la época pre-televisiva unos  sentimientos que nunca pueden  ser  revividos  por adolescentes actuales. El contexto  (época,  ambiente  social, censura) es  distinto  si se ha vivido o no  (aunque  pueda ser  investigado, no  provocará  la  misma experiencia). Los  alumnos, por supuesto, pueden  llegar  a disfrutar  la película pero precisarán de una  carga de  información suplementaria  muy superior  a la  de cualquier persona  de  más edad. Y  es  que,  el  proceso  de  comunicación sólo  acaba cuando cada  uno de nosotros  sumamos nuestra  visión personal del  mundo reconstruyendo  a  nuestro modo  el  puzzle que nos  ofrece  el  director. Sin  reflexión se pierde  el placer  del cine. 


Cuando  criticamos (o ignoramos)  las películas  que  ven nuestros  alumnos no siempre consideramos que, en  esa escuela paralela  que  es  el cine, todos buscamos  cosas distintas. Ellos  buscan una  educación sentimental,  unas  aventuras  y  una acción  que  no les  da  el  entorno. Desean,  como los adultos, evasión y  placer,  pero  su idea  de  placer  y  evasión  es  distinta de  la nuestra, y  si  lo  que  les mostramos como  norma está alejado  de  sus intereses cotidianos difícilmente  funcionará bien.  Si  queremos usar  el  cine  como  arma didáctica no  debemos perder  de  vista esa  diferencia  de  sensibilidad  entre  ellos  y nosotros. Por último, aunque es  evidente que  sin aparatos  de  vídeo,  DVD,...  no  podríamos  ver películas en  el  aula,  debemos  seguir  sosteniendo que  esto  no  es ver cine.  Nos permite  cosas que  el cine  en sala  no  puede darnos, como elegir  la  película  que queremos ver  o la  posibilidad de  recuperar películas antiguas  pero el  fin  último  de  la educación  fílmica debe ser la misma que la de  la  literaria.  Cómo  el  profesor  de Literatura  desea  impulsar  a sus alumnos hacia el  hábito  de  la  lectura,  nuestro anhelo  debe  ser  que  cada vez más  jóvenes recuperen  el  hábito de  ir  a la Sala  de Cine, pero  buscando obras  que  sirvan  a  su  formación y  a  su  participación, y no  sólo consumir  ilusiones.

Extraído de: El cine, un recurso didáctico. Módulo 1, el cine en el aula.

miércoles, 15 de junio de 2016

El vídeo como recurso en el aula

Para lograr un verdadero cambio en la educación es necesario que el uso de medios vaya aparejado a procesos de reflexión y de reconceptualización de la práctica educativa. Y no porque el quehacer del maestro se adapte a los medios, sino porque la introducción de nuevas herramientas o metodologías debe realizarse en congruencia con todos los elementos que intervienen en la práctica docente.

Como medio audiovisual, el video presenta sus mensajes mediante la articulación de imágenes fijas o en movimiento, y sonidos. La gran variedad de material visual que aprovecha el video  (fotografía, ilustraciones, animaciones por computadora, dibujos animados, gráficos, esquemas)  es complementada por el elemento sonoro: voces, palabras, música, efectos, ambientaciones y silencios. 


Por lo tanto, los videos incluidos en los distintos proyectos para ejemplificar, explicar, indagar e informar ayudan a construir un mejor conocimiento en los alumnos.  Cuando ejemplificas el proyecto en una situación cotidiana, los alumnos logran entender mejor.

El atractivo de las imágenes de un video puede resultar muy eficaz para despertar el interés sobre un contenido. Su finalidad es llamar la atención de los alumnos sobre el tema que se abordará, provocar una respuesta inmediata, estimular la participación o promover actitudes de investigación. Para que surta el efecto esperado se debe seleccionar un fragmento breve del video, entre  cinco  y 10 minutos, que sea interesante y llamativo. No es necesario que aborde el tema de lleno, se puede referir a una situación cotidiana, a un problema político o social que sirva como punto de partida para plantear retos, interrogantes, cuestionamientos y se reconozca la importancia de estudiar el tema, así como de aprovechar lo que ya se sabe al respecto.